Aqui les dejo mi cuento (palabras: olleta-radio)
La cocina lucia realmente aburrida esa mañana, transcurría otro día igual al anterior. La señora bajaba con sus viejas pantuflas llenas de motas aún medio dormida a preparar el desayuno. La ciudad visible desde la ventana no parecía afectar la tranquilidad de la cocina. Se veían como algunos trabajadores y estudiantes salían a sus respectivas labores, pitos, buses y bullicio marcaban el inicio del día. En cambio adentro solo se oían el golpeteo esporádico de algún cubierto, el grifo del agua y la estufa que se encendía cada mañana para preparar el café. Una vieja olleta se usaba con este propósito, la señora la puso sobre la estufa y subió a esperar mientras el café estaba listo. – Que aburrido, siempre es igual, café, café y café, nunca sabré que ocurre allí afuera- dijo la olleta observando hacia la ventana con frustración a la mirada atenta de la caneca de basura, la cual contesto –Deja de quejarte por lo menos tu boca no huele tan mal.
La olleta que soñaba con salir de su rutina y conocer lo que sucedía afuera se quejaba todas las mañanas al salir del armario bajo el lavaplatos. Había escuchado grandes historias de su amigo el termo, quien había ido al colegio de los niños, a algunos paseos y salidas familiares –El si que sabe lo que es el mundo, no como yo que solo se hacer café- repetía la olleta. Cuando el café estuvo listo la señora bajó, lo sirvió, lavo la olleta y la puso de nuevo en el armario bajo el lavaplatos y así acababa su rutina. Esa noche el señor que llegaba de trabajar trajo consigo una caja. ”Onda corta” se podía leer por un costado. La entregó a la señora y le dijo –Mire mija para la cocina - y se fueron a dormir. Estas palabras junto con la caja misteriosa suscito la atención de todos en la cocina, el abrelatas dijo –es un nuevo abrelatas eléctrico, lo sabia me llego la hora. La licuadora dijo –No, es un repuesto para mi, ya no me salen bien los granizados.
Y así durante toda la noche estuvieron murmurando y tratando de adivinar que contenía la caja. Esa mañana al bajar la señora lo primero que hizo fue abrir la caja. En su interior había un pequeño bloque negro con una pantalla, era un radio. La señora lo puso junto al mesón frente a la estufa y lo encendió. Saco la olleta y comenzó la rutina habitual .– Esta es radio Amsterdam internacional- dijo el radio, a lo cual la olleta volteo a mirar impresionada, “internacional” era una palabra bastante atractiva, tal vez el radio sabia algo de afuera. Esa mañana la cocina se sumo a la ciudad, hubo música de todo el mundo, entrevistas, reportajes, novelas. La olleta estaba fascinada, su vida cambió, ahora sabía mas que el termo, ya nunca mas volvió a quejarse y el café parece que quedaba mas rico.
Sebastian Correal
Sebastián:
ResponderEliminarExcelente trabajo. Hay una descripción del entorno muy bien propuesta, con personajes caracterizados con verdadero acierto. Por otra parte el estilo literario es fluído, y la conclusión muy bien manejada. La única observación que haria -nimia, por cierto-, es que entre nosotros casi siempre relacionamos la olleta con el chocolate más que con el café. Lo digo porque detalles como ese le dan verosimilitud al relato, y no habría inconveniente para el termo en el hecho de llevar chocolate en vez de café.
Por lo demás, mereces una felicitación.
Celso Román
Gracias Celso, tomaré en cuenta la observación.
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